Entre entresijos, sí: y perderme. Y perderme transmutando una realidad cada vez más calificable como encrucijada, desde el mundo hacia mi cercenado afán de ser mejor, desde mí hacia los otros.
¿Tanto? empeño para… Para que ahora nadie tenga el valor de responderme si ha sido útil, en algún sentido, padecer la diferencia.
Aquí sentada, con los platos abiertos como ojos, unos cuantos años después de los primeros problemas y “síntomas” derivados de mi particular percepción de las cosas, lo dudo y mucho. A todas luces -aunque a oscuras- y a fuerza de ser yo, he llegado a cansarme de existir, ante decenas de miradas que no siempre (¿o que nunca?) han sabido extinguir los fuegos que han procurado consumirme. Y no me preocupa: aún soy dueña de muchos nexos adversativos. Así que, a pesar de todo, sigo viva, y viva en el sentido pleno de la palabra.
Ardiendo en deseos de libertad e independencia, a 23 de junio de 2008.

